jueves 15 de septiembre de 2011

Poema a un acordeón




Con dulzura y tranquilidad,
sonido suave,
con notas de tristeza
y soledad que dejan
caer lágrimas
a aquel que las escucha
y partiendo el corazón
a quien la toca esa
triste melodía.



O bien de alegría
y serenidad,
alegrando así la vida,
llenando las calles de amor y felicidad
dando a entender
que no hay penas sino sorpresas.

Puede ser violento y feroz,
con fuerza en sus notas
mostrando enfado y lamentando
su dura y pesada existencia.

Con letra o sin ella,
sigue tocando,
solitario él como si tuviera compañía.
Mas sólo es él con sus teclas
que hace trampa y toca varias a la vez
creando una mentira
que la gente no ve.